Ideas Preconcebidas

Para abordar el problema de los despidos y acoso a las mujeres que se quedan embarazadas hemos de empezar por preguntarnos por qué razón los/las empleadores consideran que una mujer que se va a convertir en madre perderá eficiencia y, a la larga, será perjudicial para su empresa.

Efectivamente, la idea de que una mujer que se ha quedado embarazada va a rendir menos en el trabajo puede que venga motivada por el temor a que el embarazo sea problemático y esto suponga que la futura madre esté más tiempo del proyectado de baja. Otra percepción habitual es la del empresario que considera que una mujer que se convierte en madre perderá paulatinamente el interés en realizar bien sus tareas o será incapaz de comprometerse con la empresa dado que ahora su prioridad será sus hijos/as.

En el primer supuesto es probable que a la baja por maternidad se añadan unos meses de baja por enfermedad común a causa de las molestias que pueda originar el embarazo. Como ambas bajas son remuneradas al 100%, es decir, las paga la seguridad social, ello no significaría ninguna pérdida económica para empresario así que descartamos su legítima preocupación por las pérdidas económicas. Por otro lado no sería la primera vez que un empleado de su plantilla pide una baja laboral por enfermedad común. En las empresas se dan incontables casos de escoliosis, lumbalgias u otra enfermedades más graves que implican largos meses de baja. Estas situaciones no discriminan entre hombre o mujer. Su única tarea sería, en el caso de que no pudiera sustituir con alguien de su plantilla a la empleada de baja, buscar a una persona que la reemplace durante el tiempo de su baja por maternidad. Pero para eso existen los contratos temporales- de hecho para esas circunstancias particulares han realmente de usarse – que pueden proporcionan la oportunidad a jóvenes o a parados mayores de 50 años de trabajar aunque solo sea por cuatro o seis meses.

En cuanto a la segunda consideración hemos de preguntarnos por qué hay empresarios que creen que una mujer que tiene hijos no va a estar implicada con su trabajo. ¿Es que acaso los hombres que no tienen hijos son mejores trabajadores que los que sí tienen? La pregunta es así de absurda si se hace desde la perspectiva masculina. Es decir, nadie diría que un hombre que trabaja y tiene hijos es más eficiente que un hombre que trabaja y no tiene hijos. Sin embargo esa comparación sí que se hace con las mujeres. ¿Por qué se llega a esa conclusión? ¿No querría una mujer que es madre asegurar el bienestar económico de su prole? ¿Por qué iba entonces a bajar su rendimiento? Lo lógico es que esté igual de centrada en sus objetivos que al principio de ser contratada. Es más, lo lógico sería que al convertirse en madre lo esté mucho más que antes puesto que ahora tiene responsabilidades que van más allá de ella misma. Una pregunta, ¿no late detrás de esta concepción de que cuando una mujer es madre trabaja peor un prejuicio? Una madre es una trabajadora que se ausenta. Sí, claro que sí, no nos engañemos: esa es la razón fundamental

¿Pero por qué esa idea? Porque sencillamente, en este país como en tantos otros, las mujeres son las que mayoritariamente cuidan.

Y, sin embargo, las mujeres no nacemos con una predisposición genética a cuidar. La ciencia aún no ha descubierto el gen del “cuidado” con el que nacemos las que tenemos útero seamos madres o no.

Sí que es cierto que la lactancia es un fenómeno biológico que no podemos negar, aunque eso tampoco signifique que exista una obligación de amamantar y que a todas las mujeres nos enloquezca. En todo lo demás nuestro amor y atención a los hijos debería ser la misma que dispensan sus padres. Ciertamente, no sentimos una escalofrío de placer al cambiar pañales, ni al levantarnos en mitad de la noche, ni por limpiar vomitonas. Tampoco somos unas expendedoras de papillas y potitos natas. Ninguna de nosotras nace con esas cualidades. Hay mujeres a las que el amor hacia sus hijos parece que las atonta un poco, es verdad, pero eso no significa que vayan a ser más rápidas que un hombre en limpiar con el pañuelo un chorreo de mocos. En resumidas cuentas, que las mujeres no asumimos el papel de cuidadoras expertas porque tengamos vocación para ello sino porque las circunstancias no nos dejan otras opciones.

Desmontados ya esos falsos mitos sobre lo que significa parir o no parir para ser una empleada cumplidora preguntémonos ahora lo siguiente:

¿Qué ocurriría si los padres tuvieran las mismas 16 semanas de baja no transferibles que la madre? Es decir, que en lugar de los 13 días ininterrumpidos y transferibles de los que disfrutan ahora tuvieran también 16 semanas sin posibilidad de transferirlas a la madre. Esto significaría que, por ley, el páter familias deba detener su frenético ritmo de trabajo para saborear las mieles de la paternidad. Quien dice 16 semanas dice 8. Por ejemplo, padres que puedan tomar tal y como proponen algunos colectivos 8 semanas obligatorias, disfrutadas después de las 8 semanas que haya disfrutado la madre. De esa manera el hombre se implicaría en el cuidado del recién nacido durante 24 horas, lo que le haría más sensible a sus necesidades y contribuiría a que los hombres comenzaran a asumir el papel en el hogar que desde hace tiempo sus hijos necesitan que se autoasignen. Como contrapartida, la penalización a la maternidad disminuiría o, al menos hasta que se acabaran los prejuicios sobre el cuidado, se aminoraría un poco. El empresario comenzaría a no ver mayores ventajas en contratar a un hombre que a una mujer. Cuando comprendiera que el hombre se involucra en los cuidados de su hijo igual que lo hace una madre ¿se plantearía el empleador penalizarles salarialmente también por ello?

Tengo curiosidad por conocer ese nuevo reparto de roles, ¿lo verán mis ojos?

Porque los roles son eso, nada más que roles.  ¡Cuántas ideas preconcebidas se han desmontado desde que la humanidad parece reinar sobre la tierra!  Y, sin embargo, que difícil es cambiar las ideas preconcebidas. Afortunadamente cada vez más hombres y mujeres parecen comprender que la separación de roles no es más que una construcción cultural que cada vez sirve menos en el mundo en el que actualmente vivimos. De hecho, la idea de que las mujeres son las que cuidan y los hombres son los que trabajan ya ha quedado completamente obsoleta. Lo que no es justo para las mujeres es que, a pesar de que ya pocas personas se atreven a defender que la idea del macho proveedor es la única cierta, ellas siguen cuidando mientras también trabajan fuera de casa y se angustian cuando son despedidas a causa de su maternidad, como si tener un hijo las hiciera menos validas ante la sociedad.

Las ideas preconcebidas no son más que eso: Ideas preconcebidas, como el miedo a los monstruos de debajo de la cama.

Y los hombres aquí y ahora juegan un papel fundamental ¿Es que acaso ellos no desean atender a sus hijos en los primeros meses de vida al igual que hacemos nosotras? ¿No quieren experimentar un nuevo sentido en su existencia?  Que los hombres se conviertan también en padres nutricios. Muchos los son y bastantes lo están deseando pero quizá no sepan cómo pedirlo. Una paternidad diferente, la suya, ser padres como ellos quieran no como les digan las ideas preconcebidas que han de serlo.

Ahora deberíamos dejar que ellos respondieran a esta y otras muchas preguntas.

Emma Cotro

 

 

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