El talento silenciado

Leí un artículo sobre la hermana de Mozart. Como la mayoría de la gente, desconocía que Mozart hubiera tenido una hermana. Su nombre era Nannerl Mozart y aparece junto a él en el retrato de familia. Nannerl componía también desde niña aunque su carrera musical acabó al cumplir dieciocho años cuando, como toda mujer de su época y condición, no tuvo más remedio que olvidarse de su pasión y dedicarse a lo único a lo que podía aspirar : El hogar.

Pienso en la belleza de las composiciones que no llegó a hacer y lo siento como una pérdida para la humanidad, puesto que por las cartas y pistas que se conservan su talento era tan notable que es muy probable que hubiera podido competir, e incluso superar al de su hermano.

Pero eso sólo hubiera podido suceder en un mundo organizado de manera diferente.

La realidad es que el talento perdido de la mitad de la población de un país a causa de los prejuicios de género supone no sólo una pérdida cultural enorme sino también una pérdida económica que los países no deberían, en ninguno de los casos, poderse permitir.

Me refiero ahora al potencial perdido de las mujeres despedidas y/o discriminadas en su lugar de trabajo tras quedarse embarazadas o dar a luz. No poseemos estadísticas actualizadas en nuestro país sobre el número anual de mujeres que son despedidas o que, sencillamente, renuncian a sus empleos cuando se quedan embarazadas. Renuncia motivada casi siempre por la cantidad de obstáculos, acoso y humillaciones que se ven obligadas a soportar tras anunciar su embarazo a su empleador/a. Por otro lado, a pesar de que las mujeres en España poseen un alto nivel de formación la mayoría gana un sueldo inferior al de su pareja, por lo que a la hora de renunciar al trabajo o a la jornada completa suele recaer sobre ellas tal decisión.

La Organización Internacional del Trabajo, en su informe del 2014, señaló que en España se llevan a cabo con frecuencia “tácticas de presión” por parte de los empleadores con el fin de que las embarazadas y madres recientes desistan de su empleo. No podemos olvidar las palabras pronunciadas en 2014 por la Sra. Mónica Oriol, presidenta por aquel entonces del círculo de empresarios, quien, a pesar de ser mujer se atrevió a decir en voz alta lo que muchos empresarios piensan : Que una mujer que es madre va a dejar de rendir como aquella que no tiene hijos. Curiosamente, a un hombre que es padre nunca se le aplica esta presunción.

La realidad es que muchas mujeres, tras ponderar los obstáculos, quedan convencidas y con razón, de que es más gratificante criar a los hijos que dedicarse a la redacción cultural o a la asesoría fiscal, por mucho talento que se tenga para ello

¿Por qué las mujeres no se rebelan contra esta situación? Sencillamente porque ya lo han intentado y los resultados no son muy alentadores. Tanto aquellas que han sido despedidas como las que permanecen en su lugar de trabajo, sin posibilidad de ascenso a causa de maternidad reciente, saben que los obstáculos a los que se enfrentan son enormes. Las primeras, porque aunque un juez falle como nulo su despido, no tienen los arrestos ni el entusiasmo de regresar a un lugar donde no se les aprecia a causa de su maternidad. Las segundas, porque aun conservando su puesto de trabajo, entienden que si denuncian el trato injusto que reciben, pueden arriesgarse a perder su tan necesitado trabajo ahora que están criando a un niño. Como resultado de ello la mujer calla y sufre, su autoestima se resiente y la magnitud del problema no se cuantifica. Mientras, el talento de la mujer se pierde. Podemos comprobarlo en el menor porcentaje registrado en el INE de empleadas mujeres con hijos comparado con las que no tienen hijos. Podemos comprobarlo también a pie de calle: La mujer que es madre desaparece de las obras de ingeniería, de los despachos de arquitectura, de la dirección de los hoteles, de los despachos de abogados, de las galerías de arte y escasean conduciendo taxis y autobuses. Eso repercute tanto en la economía del país como en la familia, en la cultura, en el bienestar y, en definitiva, en la felicidad de la población en general. Al mismo tiempo, se produce un efecto contrario: Las mujeres posponen la maternidad o, directamente, renuncian a tener hijos. Hay mujeres que desean ser madres pero que tienen miedo a serlo por si las despiden ¿Podemos permitirnos ese grado de frustración en un país que se dice democrático?

Por eso nace Embarazada luego jodida España, un proyecto que emana del creado por Joeli Brearley en el Reino Unido tras su despido al anunciar que estaba embarazada. Embarazada luego jodida es una página web para que las mujeres puedan contar sus historias de forma anónima y con sus propias palabras. Esto no implica únicamente una liberación catártica al compartir todas esas situaciones dañinas que se han vivido en el lugar de trabajo sino que también es una manera de sacar a la luz el problema, entender qué es lo que falla que, la mayoría de las veces, no son más que prejuicios, ideas preconcebidas sobre lo que una mujer con hijos puede o no puede hacer por una empresa o cualquier otra organización. Las ciudadanas de este país que han sufrido la discriminación por ser madres son las que mejor saben cuáles son los obstáculos insalvables. También saben muy bien qué habría qué cambiar para que estas situaciones dejen de torturarnos.

Queremos que la futura hermana de Mozart sea madre si quiere, que se quede en casa cuidando de su familia si es esa su elección. Pero, sobre todo, queremos que siga componiendo, que nadie le diga hasta dónde puede llegar por el mero hecho de tener un útero.

Emma Cotro

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